Historia: Mi diablo personal

Estaba lloviendo, yo salía de la escuela y tú me sorprendiste con un mensaje “paso por ti en 15 minutos” fue inesperado, no llevaba ropa para cambiarme así que cuando tu coche se detuvo frente a la escuela me subí en uniforme.

Viernes, ocho y media de la noche. CasAzul.

Nunca había ido a las luchas y la promesa de ver a varios hombres con poca ropa azotarse sudorosos los unos a los otros me emocionaba sobre manera, más si tú ibas a estar sosteniendo mi mano. Tomaste mi hombro mientras caminábamos por la calle sucia, atravesábamos los vapores de los puestos de comida como entrando a un sueño y así lo siento, porque a partir de la tercera cerveza todo empezó a tener un tinte onírico, tanto que lo escribo para recordar que fue real. El ambiente estaba húmedo después de la lluvia, pero no hacía frío.

Durante la pelea no paraste de gritar tonterías que me tenían a mi y a las personas a mi alrededor ahogados en una continua cascada de risas. Yo apresuraba mi cerveza para despertar a mis diablos y que estos domaran mis inhibiciones, quería divertirme, atreverme, como tú. Todos nos volteaban a ver.

Viernes, diez y media de la noche. Arena México.

Salimos entre la marabunta de gente, caminábamos con la multitud como células en un tejido borracho, células decidiendo hacia dónde se desarrollaría su siguiente aventura, ¿la píldora roja o la píldora azul? Esta noche definitivamente la azul. Éramos células que se tomaban de la mano.

Llegamos, Insurgentes Sur 210, Colonia Roma. El “Queens” un table con un tubo de 6 metros, de los pocos que sobrevivieron la crisis. Era un lugar familiar para mi, tenía amigas que ahí trabajaban. Hay cosas de mi que aún no te he contado.

Dos gorilas en la entrada, de esos de los que todo el mundo huye pero lo único que quieren es regalarte flores, de esos que tienen un corazón suave debajo de sus 100 kilos de imponente músculo. Yo no tenía identificación y tú muy hábilmente los distrajiste mientras me escabullía dentro, teníamos que entrar, era nuestra misión de la noche, nuestra aventura nos esperaba ahí dentro.

Luces azules y moradas inundaban todo el lugar, la música estaba muy fuerte, la alfombra sucia y los hombres en trajes tenían botellas caras en sus mesas y piernas de niñas guapas bajo sus dedos. Sólo querían olvidar la realidad un momento, ellos también habían escogido la píldora azul.

Yo me sentía segura, hay algo acerca de los lugares con tanta oscuridad que me hacen sentir en casa, la decadencia siempre me llama desde lo más profundo de mi alma, siempre va a ser una parte de mi vaya a donde vaya. Las mariposas despertaron en mi estómago, mis ojos se encendieron y pude sentir como se me escurría el diablo. Llegaste, una enfermera bailaba en la pista, entrelazamos los dedos y te seguí a la mesa. Todos en el lugar nos seguían con la mirada

Viernes, cuarto para las once. Queens.

Maestra, Constructora, Gatúbela, Hada, Ángel, se proseguían en la pista mientras la sal, el limón y el tequila se proseguían en mi lengua. Mientras más se vaciaba nuestra botella más iban aflorando nuestros diablos. Siempre me has gustado con cuernos.

Sábado, doce de la noche. Queens.

Todas las bailarinas eran muy guapas, tenían cuerpos esculturales y hacían impresionantes hazañas en el tubo, todas estaban disfrazadas. Mujer maravilla, mucama francesa, constructora, gatito, piloto. Todas ofreciéndose en la pista pero ninguna tenía lo necesario para satisfacer a nuestros diablos, que ya se habían despertado por completo y estaba instalados bebiendo con nosotros.

Hay algo acerca de escoger personas como si fuera un catalogo que me hacía sentir llena de poder y fue mientras me inundaba esta sensación que la vi. Un metro setenta, tanga negra y tacones dorados, estaba subiendo por el tubo, llega al tope de los 6 metros, se da la vuelta dejando su cabeza hacia el piso, tiene toda mi atención, se suelta, aprieto tu mano, frena su caída a penas unos segundos antes de tocar el suelo, se levanta, agradece y cuando se voltea su tatuaje de lobo en la espalda me hizo saber que ella era la que, sin saberlo, estábamos buscando. “Ella” dijimos al unísono y supe que las chispas que estaban en tus ojos eran un reflejo de las mías.

No recuerdo su nombre, sólo recuerdo que estaba ocupada y la mami nos ofrecía a otras niñas, pero nuestros diablos la querían a ella y estábamos dispuestos a esperar.

Sábado, cuarto para la una de la mañana. Queens.

Nos levantamos y caminamos hacia el cuarto privado, nos estaba esperando. Hay algo que se acomoda dentro de nosotros cuando estamos juntos de una manera que brillamos con un halo diferente y esto nos impide pasar desapercibidos. Los señores de traje nos veían “todos nos ven” susurré, “claro, vengo con la vieja más guapa del lugar” me dijiste y yo me sonrojé pero la luz roja lo ocultó.

No recuerdo su nombre, sólo que era de Veracruz. Nos sentamos juntos y ella pasó una pierna entre las mías y la otra entre las tuyas, entrelazándonos entre sus muslos.

Estábamos un poco confundidos e intimidados, después de todo era nuestra primera vez. Veracruz empezó a bailar, nos dijo que podíamos tocarla pero no besarla y nuestros dedos la recorrían con curiosidad “¿son pareja?” nos preguntó después de rozar nuestras caras. Nos volteamos a ver y sonreímos en silencio, ¿qué somos? “Aah, pareja de travesuras” se apresuró a decir y la descripción nos cayó como anillo al dedo.

Sábado, diez para la una. Cuarto privado del Queens.

No recuerdo su nombre, sólo que era de Veracruz. Cada segundo nos sentíamos mejor y nuestro poder empezó a surgir de nuevo, seguía siendo nuestra primera vez pero ya no nos sentíamos como primerizos, nuestros cuernos se mostraron y Veracruz se puso nerviosa, ahora su piel temblaba bajo nuestro tacto y se llenaba de perlas de sudor. “Me ponen nerviosa, nadie me había puesto así” nos dijo al oído mientras tomó nuestras manos y las fue guiando hacia las partes más sudorosas de su ser. “Quiero besarlos” dijo acercando sus labios a los nuestros y antes de que pudiéramos siquiera responder estábamos entrelazados en un beso de tres. Siempre me han gustado esos tipos de besos, los labios rozándose y las lenguas confundidas serpenteando de un lado a otro. Se terminó el tiempo, “gracias chicos” dijo Veracruz mientras salía rápidamente del cuarto, estoy segura que fuimos sus mejores clientes de la noche.

Sábado, cinco para la una. Queens.

Salimos, volvimos a nuestra mesa emocionados como niños chiquitos, de todos los caminos que la noche nos prometía este era el último que esperábamos, lo que lo hacía más especial, era nuestro. Nuestros diablos nos estaban esperando, nos sentamos con ellos y me abrazaste, mi diablo personal, empujamos los últimos tragos de tequila por nuestras gargantas y salimos en búsqueda de nuestra siguiente aventura.

Roxy

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