Empodérate sexualmente ¡tú decides cuándo, cómo y dónde!

Por todos lados escucho a mujeres hablando de sus últimos encuentros sexuales, expresando una sensación de peligro o de traspaso de su dignidad “sin poder” hacer nada o sin ser escuchadas cuando lo hacen. Por otro lado, escucho a los hombres cansados de tener relaciones sexuales mediocres porque sus parejas “no se abren a la experiencia”.  

Esto me recordó a un episodio de mi vida en el que estaba intentando relacionarme con un hombre que cada vez que le ponía un límite no lo respetaba, y volvía a hacer lo que ya le había dicho que no me gustaba, hasta que terminé por mandarlo a la chingada. – Es que me confundes porque no eres clara – me decía, intentando hacerme creer, o intentando convencerse a si mismo, de que él no tenía responsabilidad en el asunto.

– Si no te quedó claro lo que no me gusta, porque te lo dije de la manera más amable posible y sin gritarte, ese es tu problema. – Concluí.

Escuchando a estas mujeres y sus últimos eventos, me puse a reflexionar cómo es que actualmente muchos hombres aún suelen necesitar límites agresivos para respetarlos, porque su referencia a los límites sigue ligada a la agresión o a la fuerza. Y muchas mujeres tenemos miedo a la agresión, por lo cual seguimos petrificadas con cosas tan insignificantes como decir “NO me llames, NO me interesas” o “NO me gusta como me tocas” e inventamos mil excusas o artimañas con tal de no decir la verdad. Esto no sólo aplica en nuestras relaciones de pareja sino también en las de amistad y mucho más en las laborales, en donde inconscientemente pensamos que le debemos la vida a quien nos paga. Así, tal cual, como cuando vivíamos con nuestros padres.

Esto me lleva de regreso a la infancia. Muchas personas siguen sin entender los efectos que ha tenido este tipo de educación en nuestras primeras etapas de vida, tal es el caso de los límites.

Hemos heredado, por generaciones, una educación violenta y represiva que lejos de respetar nuestras necesidades y/o deseos más primarios, nos obligó a aceptar todo aquello que no queríamos por medio de la agresión física o psicológica a través de la culpa. Cosas tan básicas como “Saluda a tu tío aunque no quieras”, eran mensajes muy claros de cómo, lo que sea que sintiéramos hacia esa persona, aún si fuera negativo, no importaba, y no había nadie ahí para defender nuestro sentir. Ni hablar de cuando no queríamos obedecer reglas impuestas desde el modelo autoritario.

Este sistema, parió a muchos niños que ahora ya convertidos en “adultos”, no saben defenderse, porque se sienten en peligro al hacerlo. Todavía escucho adultos hablar de la violencia que sufrieron en su infancia y terminar con un “pero es que me lo merecía”, convencidos de que sí eran los monstruos que les hicieron creer que eran.

En mi caso, recuerdo cómo cada vez que me defendía del autoritarismo de mi padre, siempre había represalias, que por lo general iban dirigidas a mí pero terminaban puestas en mi madre porque era quien se levantaba a defenderme. Esto, se quedó profundamente impregnado en mi inconsciente, y cada vez que de “adulta” decía que NO a algo que no quería, me abatían los pensamientos de culpabilidad que despertaban sensaciones y malestares físicos o emocionales que me llevaban nuevamente a autoagredirme con sustancias o peores relaciones.

Un día entendí, que el miedo a defenderme y el sistema de autoagresión se encendían, porque mi mente inconsciente aún creía que se iba a armar un desmadre y alguien saldría lastimado si llegaba a decir lo que realmente pensaba. Aunque en realidad ya estuviera grande y fuera “independiente”.

Este sistema educativo floreció en muchos de nosotros, y aprendimos a decir que si a muchas cosas con tal de no generar “problemas”, de no ser tachadas de “histéricas” o de no ser “queridos” y “aceptados”, a tal grado, que incluso hemos dicho que sí a cosas que han violado nuestra dignidad como seres humanos.

Empezamos a hacernos de la vista gorda con nuestras propias necesidades. Y empezamos a perder de vista la línea que marca nuestros límites personales y vitales. Especialmente las mujeres. Y especialmente en el sexo. Por lo que no me es raro estarnos escuchando cómo percibimos a los hombres como depredadores, o cómo en verdad ellos están actuando como tal. Buscando recibir unos cintarazos para entender lo que es un NO. Porque también están actuando desde un inconsciente que entendíó la agresión y la violencia como la única manera para aprender en la vida.

La cultura del Sí, nos ha separado de nuestros NO’s internos. De nuestra esencia, de quienes verdaderamente somos. Todos queremos retomar nuestro poder sexual, y de paso coger como los dioses, pero no podemos acercarnos a la divinidad si estamos en el nivel evolutivo más pinche básico, incluso más bajo que los animales, porque no tenemos huevos ni ovarios para defender siquiera nuestra propia existencia. Y eso incluye defender quienes somos, lo que queremos y necesitamos para vivir en armonía con nuestra energía de vida.

La etapa de nuestra infancia, en la que aprendemos a decir que NO, es primordial para desarrollarnos como adultos sanos y aspirar a cualquier tipo de evolución, ya sea en el plano físico, psicológico, energético, o en lo que sea que nos queramos expandir.

Si pasaste por esa etapa, sin que tus límites hayan sido respetados, te sugiero que empieces a vivirla de una vez por todas, si tu deseo es seguir evolucionando.

Y que también estés consciente, que cuando te rebelas a lo establecido, todo aquel que ya fue convencido de no ser si mismo intentará convencerte de que eres tú quien está mal, y algunas respuestas serán agresivas porque le reflejarás todos sus miedos.

El mismo sistema de SI’s que interiorizaste en tu mente, también se revelará ante lo nuevo que estés probando. Así que, se amable con tu aprendizaje. Si te da miedo decir que NO, intenta decir que no primero con maneras que emocionalmente puedas manejar y sentirte cómodo. El proceso irá avanzando por si solo, e irás recuperando poco a poco la confianza en tí y en tu poder personal para ser más sincero contigo mismo y con el mundo.

Y si tus NO’s salen disparados al aire, y eres juzgado incluso por tu mente, sólo recuerda que quienes te observan no son más que niños que también están asustados de ser quienes son. Apóyate y mantente firme en el arte de crecer y ser un verdadero adulto. Día a día, paso a paso. Porque ya no están tus padres, ya no están tus maestros, ya los jefes, la sociedad y el gobierno se han convertido en esas antiguas figuras, pero esta vez, estás tú para defenderte.

Y si ya estás muy adentro de un sistema violento, y expresar tus NO’s sea algo peligroso, aprende a buscar ayuda. Busca terapeutas u organizaciones que te respalden y acompañen en el proceso.

Así que, a la chingada todo lo que ya no vaya contigo.

El poder del NO traerá revoluciones tanto internas como externas en nuestras relaciones; se irán quienes se tengan que ir y se quedarán quienes nos valoren y respeten con nuestras necesidades. Y dejaremos de actuar como niños temerosos para empezar a ser verdaderos adultos. Conscientes de nuestro poder para defender nuestra vida frente a cualquier sistema que quiera oprimirnos.

Y una vez que aprendamos a decir que NO, cuantas veces sean necesarias, abriremos la puerta a nuevos SI’s, y a una existencia más evolucionada. Y tendremos en algún punto de nuestra historia personal, la sexualidad que anhelamos desde la libertad y la confianza, viviendo sin culpas todo nuestro potencial, y sí, cogeremos como los dioses. El poder está en nosotros. Entre más rápido solucionemos lo mundano, más pronto llegaremos a lo divino.

– Alicia y el Universo.

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