El sismo emocional ¿Cómo manejarlo?

Tras los sismos ocurridos recientemente en el país, son inconmensurables los daños estructurales, y también los emocionales. Psicólogos advirtieron datos de ansiedad, depresión, insomnio, síntomas histéricos, y fobias entre quienes vivieron el suceso, e inclusive síndromes psicóticos en quienes fueron rescatados.

Lo interesante es que durante el segundo sismo, aun siendo más corto y menos intenso físicamente, la “replica psicológica” fue más intensa y duradera, lo que denota una mala preparación en este ámbito, y que ciertamente la reacción será cada vez mayor al estar expuestos al trauma real. Las reacciones emocionales son normales y adaptativas, desde el miedo hasta el coraje, y en muchas instancias aprendidas.

Durante el sismo, muchos se quedan paralizados, o corren o gritan descontroladamente, y es que en situaciones de peligro, el estrés o temor hace que las decisiones se vuelvan difíciles de tomar rápida y coherentemente y recurramos a nuestra propia historia traumática como guía de supervivencia. Aún teniendo las indicaciones claras de contingencia, al no tener preparación emocional las reacciones se vuelven erráticas y descontroladas.

Lo primordial es darnos cuenta que este es un suceso impredecible, y por lo tanto los conocimientos y preparación previa son vitales. Con práctica, aprenderemos a accionar correctamente en medio de la situación. Hacerse consciente de cuando una emoción negativa llega y cómo reacciona el cuerpo es de gran ayuda para el autocontrol. Nos permite verla como algo externo y manejarla con mayor facilidad. Observar qué músculos se tensan para relajarlos y que así se disipen las emociones rápidamente.

Mantener una actitud positiva es clave. Preparar para lo peor y saber que se saldrá bien de ello. Aquellos que logren guardar la calma y serenidad tienen una responsabilidad comunitaria de compartirselas a los demás. Especialmente es crítico ayudar a calmar a quienes tengan una crisis pues pueden contagiar rápidamente al resto.

La mejor aliada para combatir la crisis nerviosa y el miedo es la respiración. Tomar respiraciones profundas y lentas ayuda a disminuir la frecuencia cardiaca y calmar los nervios. Inhala profundamente, retén un instante el aire dentro y después sueltalo lentamente por la boca, como desinflando un globo. Inclusive se puede exhalar por partes, haciendo pequeños soplidos. Esto apoya a muchos a controlar la ansiedad.

En el caso de los niños, es de suma importancia recordarles que cuentan con tu apoyo, y que estás ahí para ellos. Los pequeños que vivieron los recientes sismos pueden tener efectos de miedo a largo plazo, por lo que la UNICEF y SIPINNA recomiendan hacer lo siguiente: Escuchar lo que tienen que decir, reconocer su miedo y hacerle ver que es normal y muchos lo sentimos, explicarles que ya están seguros y pueden expresar lo que sintieron con un dibujo u otro medio. Y por último brindarles confianza y amor constantes para sobrepasar el miedo. En casos graves es preferible llevarlos con un(a) especialista.

Es un trabajo personal y a la vez una misión social el atender no solo los sismos geológicos, también los emocionales. Si ya existe un miedo crónico que se manifiesta en los trastornos mencionados al principio, es indispensable iniciar o continuar un proceso terapéutico.

There is 1 comment
  1. Zuleika

    A mí me dan pánico, no soy capaz ni de tranquilizarme para ayudar a mis propios hijos estuve en terapia pero no logré nada… Me siguen dando mucho miedo.😔

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