Cuando mientes te mientes a ti misma

“Una mentira feliz es mejor que una verdad que te amargue la vida”, decía una canción famosa. Día a día, mucha gente dice “mentiras blancas” con tal de “proteger” a sus seres queridos y a sí mismos. Esto ha llevado a que gran parte de nuestra historia sea basada en pequeñas mentiras que se han vuelto grandes verdades incuestionables. El problema mayor es que mentir es un hábito, o mejor dicho, una adicción. Y la peor mentira, es la que nos decimos nosotras mismas.

 

“Mañana comienzo”, “éste sí me quiere”, “todo bien, estoy bien”, “no pasa nada”. Son frases tan comunes que parecen mantras. Muchas de ellas se las decimos a otras y otros para cubrir algo que sabemos que estamos evadiendo. Pero lo grave es que nos la decimos a nosotras mismas para evitar enfrentar la verdad. Ya sea que no tenemos las ganas o la fuerza de voluntad para hacer algo, o que estamos con alguien solo por comodidad o miedo a estar solas, o que hay un duelo emocional o problema interno que no queremos atender y lo hacemos a un lado.

 

“La realidad tarde o temprano nos alcanza” dice un dicho, y es totalmente cierto. Mientras más evadimos afrontar la realidad, más duro será el golpe cuando nos acorrale. Sé que es difícil, por eso preferimos la salida fácil que es voltear la cara. Pero de algo estoy segura. Mientras más honestas somos con otros, más honestas nos volvemos con nosotras mismas. Y ahí existe una gran puerta para el crecimiento, la evolución, la mejoraría y la felicidad auténtica. No hay mayor liberación que no esconder nada. No hay mayor gozo que ser tú misma sin temor a lo que otros piensen o digan.

 

Y solo para aclarar algo… ser honesta no tiene que ser de forma brutal, despiadada, ni agresiva. Al contrario, la honestidad es hermosamente compasiva y amorosa. Nos la debemos a nosotras mismas, y se la debemos a quienes amamos. Hay maneras de decir las cosas y de afrontarlas que cualquiera entiende de dónde vienen y para qué se expresan.

Así que la siguiente ocasión que alguien te pregunte algo y sientes ese cosquilleo que te lleva a decir mentira, detente un segundo y obsérvate, toma tu poder, valora la fuerza que tienes para afrontar la verdad, y exprésate.

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